domingo, 11 de mayo de 2014

Homo Ludicus.

Cuando jugamos solemos hacerlo para ocupar parte de nuestro tiempo, el juego es una inversión barata en el sentimiento de alegría. Así tiene un fin en sí mismo, el de conseguir placer.  Para el educador resulta de gran utilidad como herramienta educativa adaptada a la realidad de los destinatarios con los que vayamos a trabajar, adecuándolo al contexto y a los objetivos que nos planteamos. Debemos destacar que como todo recurso válido tanto para el animador como para el educador, los juegos están repletos de valores, que mediante su práctica se pretenden ensalzar o desarrollar.

Se caracteriza por ser libre, ya que no se obliga a nadie a que juegue, separado, o sea limitado en el tiempo y espacio, incierto en sus resultados, improductivo, reglamentado y ficticio. Existen diferentes tipos de juego, derivados de la clasificación que realizaron los griegos (de competencia, azar, simulación, vértigo). Podemos tipificarlos según: 
  • El lugar en el que se desempeñe el mismo: de mesa, de patio, de ordenador,...
  • Las relaciones sociales: individuales, de oposición, cooperación, cooperación-oposición.
Más allá de que nos guste divertirnos en nuestros ratos libres con una simple baraja de cartas, existen instituciones especialmente dedicadas a la recreación de la cultura a través del juego. Las ludotecas están pensadas para la niños y adolescentes, son relevantes en tanto que se encargan de desarrollar la personalidad del niño, los valores y la ideología que antes mencionábamos, mediante el juego y el juguete. Son espacios preparados tanto en recursos materiales como en profesionales que guíen y orienten al niño hacia su desarrollo. 


¿Existen juegos para todas las edades? 
Partiendo de la importancia del juego para todas las edades y de los diferentes tipos de juegos, en 2007 se creó Homo Ludicus, una empresa dedicada a los juegos de mesa. Con su visita a nuestra sesión de clase pudimos reírnos y disfrutar de un contexto normalmente utilizado como vertedor de conocimientos teóricos.

Del mismo modo, pudimos realizar juegos en gran grupo que nos aproximaran a compañeros/as con los que no teníamos demasiado contacto. Nos gustó el juego del huevo saltarín, compuesto por un par de dados que al ser lanzados te indicaban en qué parte del cuerpo debías colocarte el huevo si vencías en la prueba que debías realizar. Fue gracioso contemplar cómo un huevo de goma colocado en un lugar comprometido podía dar tanto juego.

Tras éste jugamos a una adaptación de "El pueblo duerme": juego en el que cada participante tiene un rol determinado por la carta que le haya tocado. Hay un moderador que va dictando las instrucciones a seguir por los demás. Este juego nos resultó bastante sencillo quizá porque el grupo conocía a los demás lo suficiente para saber cuándo estaban mintiendo. 

Por último, un juego de misterios en gran grupo, Black Stories, donde las pistas de uno nos servían a todos. Este juego consiste en resolver un intrigante misterio, siendo apto para jugar entre 2 y 20 personas, a través de la realización de preguntas cerradas, cuya respuesta pueda ser únicamente: Sí, No, ó No es relevante.

María Estalrich

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